29 mayo 2006

Patetismo

El tipo se me acercó en forma sutil, agresivo, mordaz, pero guardando una distancia discreta. Vestía pantalones de dril y una camisa blanca de manga larga en cuyo cuello se veía el nudo mal hecho o ya cansado de una corbata negra. También los pantalones eran negros. No parecía un mesero, a pesar de la combinación de no-colores, quizá por el remangado sugerente de la manga derecha que dejaba ver un swiss army -original, pirata, quién sabe- plateado. Llevaba el pelo corto y un afeitado de hace dos días. Levantó la mano para pedirme que me detuviera un momento y me dijo (léase literal):

-Eh, disculpém, unne infogmassion.

Su acento era francés, pero sus palabras tenían un rezago italiano y la misma velocidad de éste se superpuso a la musicalidad de aquél.

-Vouz etês francàis?- le pregunté mientras me detenía, tranquilizándolo. No hablo francés, conozco acaso dos frases en el idioma, pero lo entono bien y sólo quería que se sintiera más tranquilo. Yo sé lo que se siente venir de fuera y sentir que la gente es una culera.

-No- respondió apresurado. Su acento ahora era claramente italiano- Mis patres son diallá pero ío son de l'italia.

No me gustó su respuesta. Una persona que cambia de acento tres veces durante una oración, que viste corbata y pantalones de dril a mediodía y que maneja un camry algo destartalado no me da buena espina. Me dio la mano y yo no quise rechazar el saludo. Estrechamos palmas. Luego comenzó a hablar. Hablaba intercaladamente en su mal francés, su peor español y su italiano, único en el que le fluían las palabras correctas. Me sentía al mismo tiempo poderoso por comprender sus dos malos idiomas y el bueno aunque los enrevesara y mezclase como una ensalada mal planeada y débil por seguir ahi, bajo el sol de las dos de la tarde, al lado de su camry, frente a sus dientes manchados de tabaco y su corbata de nudo grotesco, aguantando una palabrería que no me interesaba.

Yo sabía que iba hacia algún lado. El lugar, sin embargo, fue algo inesperado. Sin un tipo que habla un idioma europeo te detiene a la mitad de una avenida gigantesca en Guadalajara diciéndote "an informassion", tú asumes -es lo lógico- que va a preguntarte la ubicación de una calle, una calzada, un edificio o comercio importante, escuchar lo más atentamente posible tu respuesta y luego perderse en algún lugar de este redondo, colosal y desaseado planeta, quizá para no volver a verte jamás. Ni siquiera esperaba un merci, sólo quería seguir mi camino, llegar al banco y comenzar mis clases de una vez. La charla fue otra. El tipo dijo ser importador, comerciante de ropa ya terminada (de Armani, imagínense). Dijo que estaba recorriendo el país en auto para ofrecer su mercancía en grandes tiendas departamentales, pero que ya estaba harto de ser rechazado en automático sin siquiera poder mostrar su mercancía (eh mucho trámitassion, molta burocrassia, vous sabe; habló y habló, siempre con sus tres idiomas aleatorios, hasta que llegó al meollo, al punto que -debo reconocerlo- yo esperaba desde hacía muchos minutos: ofrecerme ver su mercancía y aceptar un trato por mi dinero.

Abrió la cajuela de su auto. Asomé la vista y pude ver dos chamarras de cuero, con etiquetas y todo el asunto, perfectamente empaquetadas y a todas luces caras. Luego el tipo levantó un maletín negro y alcanzó a decir algo de "e questos aromas" antes de que yo le interrumpiera de tajo el discurso, le dijera que se estaba equivocando de pichón, pues yo no tenía plumas y me parecía mucho más a un ascoso. Le puso precio de proveedor a las chaquetas: 102 dólares. Me dijo que le ofreciera la cuarta parte de eso por las dos, 26 dólares y me daba ambas, la negra y la café.

No pude. No quise. Traía casi mil pesos en la cartera. Lo rechacé diplomática pero tajantemente. Sólo dos minutos después, mientras empujaba la puerta vidriera del banco, me di cuenta que nada le hubiera costado a aquél franchute-italiano-quiénsabe darme un putazo de antología en la nuca y meterme en la cajuela, quizá para no volver a salir vivo jamás. Me sentí- me siento todavía- como un imbécil.

3 comentarios:

Martin dijo...

Wow alucinante... yo quiero!!!!! seria chido andar por la calle asi y precrear una escena hollywoodense hahahha
Saludos!!!!

Anónimo dijo...

patetico... realmente patetico.
quizas no te hayas puesto a pensar en esto, pero asi como podia haberte dado (como dijiste) un putazo de antología en la nuca y meterte en la cajuela, bien podrian ser las chamarras robadas de tienda. no lo se.
siempre he sentido que las oiportunidades hay que tomarlas, y tal vez yo si ubiera comprado las chaquetas... el precio es tentador y...bueno, ya ves lo que dicen; cada cabeza es un mundo.

Anónimo dijo...

Enjoyed a lot! Sexy amateur teen